martes, 26 de agosto de 2014

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La deliciosa autonomía de sentir en mis labios deslizarse una pacifica canción; tan suave como el murmullo de la ciudad ahora; ahora que las luces se apagaron, y ver tus ojos atentos impregnarse de los colores veloces y efímeros de esta nuestra nueva realidad; es nunca estamos solos tu estas conmigo y yo estoy sin ti; de alguna manera juntos aunque sea en una pequeña frase, tan pequeña y tan sincera como las contracciones de mi pecho a latido del corazón, como los momentos escasos pero rabiosamente felices que suelo vivir ahora que me siento sola, sola y libre a momentos, sola y loca, sola y liviana, como una hippie, como una musa, si una musa de algún poeta ciego y sordo que en algún lugar de este incierto mundo me espera, tu estas sin mi y yo estoy con las 3 sombras que se presentan de madrugada, esas.mismas que me hacen amar siempre más al amante ausente, esas que me llenan de miedo y me convierten en una pequeña criatura insana y miedosa, que vive felizmente excluida en su mundo.

INSANIAS

Las bonitas flores han vuelto hoy a mi cabello, mi cuerpo se reincorpora y la cárcel de mi mente me abre las puertas de par en par, a un mundo que hoy por hoy no es el que deje hace tiempo,
Tiempo feliz
Tiempo insano
Tiempo engañoso
Tiempo pasado.

Que difícil se hace seguirle la ilación a mi maltratada conciencia... las cuentas collar de mi mente han sido regadas en el piso; y solo tu canción me persigue como melancólica, oscura, y feliz melodía retumbando a segundos en el espacio vacío de mi cerebro, en todo el espacio.

Porque si nos sentamos y nos preguntamos que quedó de mí, después de lo vivido.
Ambas nos cogemos de las manos, y reímos porque seguimos siendo las mismas de siempre; como si fuéramos leche pasteurizada que caducó, mantenemos casi el mismo aspecto, el mismo sabor, y la esencia artificial descomponiéndose y cambiando a menudo.

A esa parte de mí que no gusta de llorar, que se burla de mis penas, a esa parte que rechazo y me aferro por instantes, instantes que pueden tornarse pequeñas vidas, en las que muero y me reinicio siempre aquí; desde el mismo punto, con la misma cara, con la misma, ropa, con el mismo cuerpo, siempre la misma pero con un cerebro mutante; sola.

A amarme insanamente, a someterme a los caprichos de mi alter ego; conteniendo a las lágrimas  que puedo sentir verdaderas que las dos partes de mí sienten, lloran lo que lloro, y no ríen nada; esas gotas amargas caen en número limitado desde el frágil gotero de mi verdadera tristeza, la personal, la cruz, la tumba, el vacío.