Tiempo feliz
Tiempo insano
Tiempo engañoso
Tiempo pasado.
Que difícil se hace seguirle la ilación a mi maltratada conciencia... las cuentas collar de mi mente han sido regadas en el piso; y solo tu canción me persigue como melancólica, oscura, y feliz melodía retumbando a segundos en el espacio vacío de mi cerebro, en todo el espacio.
Porque si nos sentamos y nos preguntamos que quedó de mí, después de lo vivido.
Ambas nos cogemos de las manos, y reímos porque seguimos siendo las mismas de siempre; como si fuéramos leche pasteurizada que caducó, mantenemos casi el mismo aspecto, el mismo sabor, y la esencia artificial descomponiéndose y cambiando a menudo.
A esa parte de mí que no gusta de llorar, que se burla de mis penas, a esa parte que rechazo y me aferro por instantes, instantes que pueden tornarse pequeñas vidas, en las que muero y me reinicio siempre aquí; desde el mismo punto, con la misma cara, con la misma, ropa, con el mismo cuerpo, siempre la misma pero con un cerebro mutante; sola.
A amarme insanamente, a someterme a los caprichos de mi alter ego; conteniendo a las lágrimas que puedo sentir verdaderas que las dos partes de mí sienten, lloran lo que lloro, y no ríen nada; esas gotas amargas caen en número limitado desde el frágil gotero de mi verdadera tristeza, la personal, la cruz, la tumba, el vacío.
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