viernes, 14 de marzo de 2014

Reflexiones

El mundo es extraño...
La tierra no es más tierra, y el cielo no está en su lugar.
Este todo lleno plagado de la esencia de las miles de almas distintas
Las historias con miles de enseñanzas se grabaron en nuestras mentes
La edad de todos es la misma para el que lo quiera aceptar.

El amor, es ahora incierto para mí.
Es una locura, enajenación, pureza; y no sé si el ser humano puede permanecer enamorado para siempre.
No sé si de vez en cuando, necesitamos de respirar profundo.
Y hacer a un lado, la gracia infinita que nos regaló Dios, y dejarnos seducir por la melancólica y pacífica soledad que nos abre sus brazos.

Si el hombre debe elegir, sabiamente cuando asesinar su amor.
Pues el amor, así como construye; cuando se enferma, destruye y lo hace sin miramientos todo lo que con sus propias manos construyó.
Y nos volvemos criaturas espectrales, pues así como abrazamos ese cálido sentimiento.
Nos encontramos con el gélido frío, de la distancia; necesaria distancia que nos hace darnos cuenta que también existimos, y que el mundo sigue girando.

Entonces nos damos cuenta, que tanto nuestro compañero como nosotros pudimos hacer más.
Pero todo caduca, nos entercamos, sufrimos, o todo lo contrario
Como sea al final, pues todo posee un final
Nos damos cuenta.
De que aprendimos a amar, aprendimos a escuchar, a entender que la persona a la que le llamamos enamorado, es un mundo aparte; al que inteligentemente debemos acceder día a día; dejando tiempo para que sueñe por sí mismo, caiga por sí mismo.

Siempre nos equivocaremos y aquellas, lecciones que se treparon como arañas en el momento que el miedo llegó, jalándonos al sendero que nuestra conciencia eligió como el menos dañino.

De mi parte, me gusta sentir que la melancolía se sienta a mi costado
Que amé, que hice y deshice, o me deshicieron.
Que mis pies dan para más
Me gusta sentirme libre y a corporal.

Señora vida, soy un juguete más de su juego.
Un juguete con alma y conciencia, que se entrega religiosamente cada mañana a respirarla.
A correr y caminar según lo amerite, a expresarse suave y libremente cada día de su vida.


Le advierto que algún día me revelaré sigilosamente, y le tomaré la mano a mi compañero para irnos para siempre a ese lugar libre de conciencia social donde cada mañana amanecerá el té listo hecho por mis manos o por la suyas.


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