Te quiero al lado de las historias mías narradas en terceras
personas.
Distante e inexistente, porque así eres indeleble; así nada
me dañará.
La ausencia se trepa, se desliza curando la trajinada
superficie de mi espalda.
Escucho la voz decaída y desentonada del hombre viajero del
tiempo que me prometió eternidad alguna vez, en alguna época que hoy me parece
tan dispuesta a suicidarse en los devenires del hoy por hoy.
Y extraño los olores a tabaco de mi blusa negra con un hueco
al centro del cuello, extraño quizá-
La forma sutilmente inapropiada que teníamos de vivir en ese
entonces.
Los pasos tan seguramente inseguros, y los bajones anímicos,
sigo siendo egoísta aun es lo más probable.
Yo solo quiero…
Escuchar la voz familiar, las manos siempre tibias, la cara
risueña y confiada despedir la nostalgia con una reverencia almidonada, y
sentir que somos varios, varios locos, varios hermanos, varios amantes, varios
y juntos.
Varios que se juegan, se atan, se aburren y se entienden.
Esos varios que se recopilan, se desarman tiernamente y se
entienden.
Esos que se entienden.
Esos que se quieren.
Esos que somos tú y yo.
En mi corazón hoy por hoy ausente.
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