Mi niño me entrega su alma...
Y yo la atesoro entre mis manos, él no sabe lo que mi muerte trama, me habla de sus latidos, de paraísos inciertos, de árboles frutales y flores, yo solo lo observo y pienso, que hoy se ve más guapo que ayer, que esa palabra no debería de usarla tanto, que me gusta su sonrisa de medio lado, y que adoro tenerlo desnudo en la cama, estrechándome contra su pecho, es quizás mi forma de amarlo, lo sabe, no teme... eso creo.
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