Las prosas en mi cuaderno; después de haber perdido la mitad del sentido de la vista y casi toda mi cordura, evidencio mi lado más enfermizo e idílico en tiempos de guerra.
domingo, 5 de enero de 2014
Prosa Gato.
La melancolía esta cocida a mi piel.
En la ventana de mi cuarto hay una ave apunto del suicidio que solo grita, porque no puede volar...
Y sus alas tiemblan, su pico se oscurece
Las estaciones han cambiado, la gente corretea
Sus plumas se mojaron, se embarraron, están grises.
Hoy la valquiria, es un cuento para niños, uno falso y acartonado que se desvanece entre la cantidad de lágrimas que la protagonista derrama...
Emily salió de su cuarto, descalza con los pies entumecidos de tanto haber dormido, no hay cartas en la puerta, ni llamadas perdidas, y su mundo se encuentra en el vacío existencial al que ella le tuvo miedo desde niña.
Entonces se sienta, se prepara un café, lo deja media hora en la refrigeradora, se derrumba en la silla verde mientras los pensamientos tristes vienen a bailar un impredecible tango con su cordura.
"No puedo evitar recordar los ojos tristes de mi madre, la mirada asustada de Fernando y su expresión resignada, todo esto me está matando"
Ya está el café, lo tomo, lo caliento entre mis manos, el sabor es amargo, no me gusta endulzarlo mucho...
Mi gato esta sentado mirándome...
Mi piel se aterciopela y sus ojos se adentran en mi conciencia...
Un suave abrigo de pelos me cubre completamente, mis pies se acortan; amo mis grandes y amarillos ojos.
Ahora uso mis patas para brincar en los muebles.. y por fin puedo lamer mis heridas...
Puedo maullarle a la luna
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