jueves, 18 de junio de 2026

La Maga.

Estoy condenada a mirarme en el espejo de Horacio.

Él me mira y se ve a sí mismo con un deseo inflamable de poder hacerme a su manera, a sus reglas y a su intelectualidad ensayada.

No puede alejarse de mí, porque lo que le repugna de mi ser es lo mismo que lo mantiene enganchado como una droga barata y estúpidamente adictiva.


Él experimenta a través de mi fracaso, que es sentarse en el lodo y poder ensuciarse los zapatos.

Lo dimensiona, lo analiza, lo detesta.

Su mirada a mi vida es su safari, y yo soy una fiera indomable y encarcelada a la vez en la libertad de su propio autoconocimiento.


Pero a la vez no puede dejar de observar al animal completamente salvaje y majestuoso que representa la libertad que él nunca se atrevería a tomar.

Porque él no está hecho para eso.

Porque para mí es una maldición con la que nací de fábrica.


Él no entiende que la coreografía de mi mente es una ruta habitual del ser que es mío y solo mío. Civilizado y temeroso, intenta tocar mis manos para absorberse en una frialdad que lo adormece y lo asusta.

Él me interpreta bajo su óptica rebosante de negación, pero no puede evitar dejar de mirarme.

Ojalá y pudiera.

Pero sé que no lo hará, porque al humano le gusta lo sórdido, y yo nací embarrada hasta las pestañas.

Entonces el en esencia para mi, es un visitante inesperado que observa a través de la ventana de su curiosidad y sus propios demonios,


Y yo no me llamo Maga, no he hecho ningún acto sorprendente, solo tuve el tino de poder capturar su atención por un espacio eternamente prolongado por él mismo.

Mi vida es absolutamente miserable, más que la suya, que también sufre día a día.

"La Maga" es el nombre él me da para materializar una fantasía que no existe.


Yo me llamo Lucía, o más bien Rita.

Y soy un ser profundamente roto que disfruta de sufrir, reconstruirse y cambiar.

Que teme profundamente, pero que también ama con furia y posesión que no absorbe y, a la vez, ejerce una atracción destructiva como un agujero negro en expansión.

INCONFESABLE


Has aterrizado en mi mente con un visitante inesperado.

Querido y temido autoconocimiento, me has encontrado profundamente adormecida entre sueños

Non serviam... me has susurrado.


Te has materializado entre mis oscuros sueños.

Llevabas un nombre, mi mente no es tan tonta como para recodarlo.

Tu cuerpo mantiene mi deseo intacto y ajeno, me estiro, te alcanzo con las yemas de mis dedos a esa tu silueta oscura y poderosa.

Eres mi reflejo distorsionado.

Y me haces creer otra vez, en esa magnífica locura infinita que le da nombre a mi ser.

Es que está bordada en mi alma para no perderme en el absoluto vacío de la insignificancia.


Te respiro, mi obsesión se teje entre tu onírico cabello.

Y se que no existes, miro mis uñas lastimadas producto del trabajo agotador, de la rutina, del tiempo...

Pero en ese espacio fantasmal mis dedos son blancamente perfectos e inmaculados.


Tu sostienes mi mano, sin mirar mis ojos, y eso me fascina.

Tu ausencia es el único lugar donde me encuentro.


Querido fantasma no eres más que un proyección libertina de mi cárcel mental, un despertar abrupto de mis fantasía más reprochables.

Si pienso en ti de carne y hueso, el encanto desaparece.

Eres una sensación congelada en el espacio y tiempo.

Un suspiro, una negativa.

Una noche desvelada

Un espacio intangible

Una copa rebosante, un corazón agitado.


No hay más porque explicar es darle tela a aquellos que temen.

El egoísmo de sentirme tan mía lastima, pero es un precio que debo pagar por no perderme en el anonimato propio, ese al que más le temo, ese que me impide ser una maldita idiota, irresponsable e inconsciente.


Podría ser una maldita idiota para mis adentros, y ser la mujer más ejemplar y abnegada eternamente.

Pero no quiero, prefiero acurrucarme en lo prohibido para acariciar tu cabeza, permanecer, mirarnos y saborear la suciedad, las heridas, observando con admiración la escena patética con la expresión fascinada de quién aprecia el milagro de estar viva.

Como quién no desea recordar su historia escrita en un libro de catecismo.

No pretenso ser la mujer más llorada en su velorio.


"Era tan buena...", dijeron cuando anunciaron mi muerte.

"Era tan egoísta", pensaron los que realmente me conocían.

Y al final, la única persona que sabía lo que en realidad pasaba permanecía dentro de una caja.


Me gusta la oscuridad, me gustan los espejos, me gusta el humo, me encanta el whisky, me hipnotiza el peso de tus manos inexistentes alrededor de mi cuello, alrededor de mi cintura.